Alcazaba de Málaga. Una defensa privilegiada

 

La Alcazaba fue palacio nazarí, cuartel militar y un barrio de casas miserables. Dominando la bahía e imponente sobre la ciudad, el monumento se ha convertido en su seña de identidad

Alcazaba de Málaga
Murallas de la Alcazaba desde el Teatro Romano. / Foto: F. Gutiérrez

Uno de los monumentos más emblemáticos de la Málaga contemporánea es, sin duda, la Alcazaba. Dominando la ciudad, con bellas vistas hacia la bahía, el palacio-fortaleza que comenzara a levantar el rey de la taifa granadina Badis en el siglo XI se ha convertido en referente y seña de identidad de la ciudad. Por sus empinadas cuestas y bellos torreones pasean cada año cientos de miles de visitantes, siendo el segundo monumento más visitado de la capital, después de la Catedral.

Como ha sucedido con otros monumentos de la ciudad, la Alcazaba ha podido llegar en pie a nuestros días gracias a una conjunción de circunstancias favorables que evitaron que sucumbiera ante el abandono, la ruina y, finalmente, la piqueta. Y es que en el siglo pasado se planteó un proyecto para derribarla, desmontar el cerro y así unir la plaza de la Merced con el paseo de Reding.

Juan Temboury

Alcazaba de Málaga

Patio de los Naranjos. / F. G.

A la recuperación y embellecimiento del monumento está ligado un nombre propio, el de don Juan Temboury -su busto en bronce se encuentra a la entrada por la calle Alcazabilla- historiador y defensor del patrimonio histórico y conservador del monumento. A su iniciativa se debe que la Alcazaba fuera declarada en 1931 monumento nacional. Su aspecto entonces poco tenía que ver con el de la actualidad: sus torres fueron ocupadas por viviendas, otras se apoyaban en sus muros y sus sillares y ladrillos -que ya los árabes habían reutilizado del Teatro Romano– sirvieron para levantar otras casas, en lo que constituyó un barrio miserable, el de la Alcazaba, en el que se carecía de luz, alcantarillado y agua. Era el último capítulo de un largo deterioro, que se inició tras la conquista por los Reyes Católicos. La Alcazaba fue la residencia de Felipe IV durante su visita a la capital. Después fue acuartelamiento militar y en 1843, cuando la abandonan los soldados, da cobijo entre sus muros y palacios a gentes humildes.

Alcazaba de Málaga

Uno de los rincones del monumento. / F. G.

La demolición de estas viejas casas y las excavaciones que se inician a partir de 1933 permiten sacar a la luz importantes elementos, como el palacio del rey Badis, con sus arquerías, los Cuartos de Granada, con sus típicos arcos polilobulados y columnas -sólo una es original- puertas y arcos en herradura. También aparecen en las excavaciones gran cantidad de cerámica califal y nazarí, así como la loza dorada de reflejo metálico que tanta fama dio a Málaga. Algunas de estas piezas se exponen en las vitrinas que ocupan las salas del palacio nazarí.

La Alcazaba que hoy aprecian los malagueños y visitantes es la reconstrucción un tanto romántica de Guerrero-Strachan y Temboury, que a partir de los restos arqueológicos y de grabados del siglo XVIII tratan de recuperar un esplendor perdido hacía siglos, con más tesón y cariño que rigor histórico.

Al este de la Alcazaba se encuentra el castillo de Gibralfaro, también declarado monumento en 1931. Ambos se encuentran conectados por murallas. Se conoce que tuvo en su interior una torre elevada y también una mezquita. Tras la conquista, se le dio uso como polvorín y como puesto de vigía del Puerto.

Un barrio árabe del siglo XI
Torre del Cristo.

Arco del Cristo. / F. G.

Tras el Palacio Nazarí queda oculto a los ojos del visitante un barrio del siglo XI, único en España por su extensión, antigüedad y buen grado de conservación de algunas de sus partes principales, como calles, baños, letrinas, tramos de escaleras y suelos de viviendas y patios y calles con pavimentos originales.

Palacio nazarí

En sus salas se encuentra el Museo Arqueológico, dedicado a la cerámica. El palacio ocupa tres patios consecutivos: el primero llamado de los Surtidores, el patio de los Naranjos y al de la Alberca. A una de estas salas llega el ascensor que pone en comunicación estas salas del palacio de la Alcazaba con la calle Guillén Sotelo.

Defensa de la ciudad

Ya el geógrafo Idrisi nombra la existencia del castillo sobre el monte Gibralfaro a mediados del siglo XII. La fortificación, según el visir granadino Ibn al-Jatib, (1313-1374) se produjo en época del monarca Yusuf I (1333-1354) que construyó, o más bien reedificó esta fortaleza. Su privilegiada situación le dotó desde un principio de una destacada función estratégica en la defensa de la ciudad. En su interior se encuentra el centro de interpretación. El mirador ofrece unas magníficas vistas de la bahía.

Doble recinto defensivo
Murallas

Murallas de la fortaleza defensiva. / F. G.

La Alcazaba está formada por dos recintos de forma alargada que se adaptan al terreno. Al primer recinto amurallado se accede por el Arco del Cristo, y rodea al recinto superior, también muy adaptado a la forma del cerro. En los extremos de este se encuentran la puerta de los Arcos, al oeste, y la torre del Homenaje, muy deteriorada, al este. En el interior de este segundo recinto amurallado se encuentra el Palacio Nazarí y los Cuartos de Granada, con interesantes artesonados y columnas de tipo nazarí.

Arcos, columnas y yeserías

El monumento, desde la plaza de la Aduana. / F. G.

En los Cuartos de Granada es donde encontramos la decoración más típicamente árabe y que recuerda a la de otros palacios, como la Alhambra. Se encuentran en la parte central del recinto superior y era donde vivían los reyes y gobernadores. La arquitectura aquí es sencilla, de tradición granadina, tratando de conseguir un escenario neutro donde se alternasen zonas de luz y de sombra. En uno de estos recintos se conservan tres arcos de tradición califal que descansan sobre columnas, de las que sólo una es original. En un lateral se encuentra una torre con una hermosa armadura mudéjar del siglo XVI.

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