Palacio de la Aduana de Málaga. Sobriedad neoclásica

Carlos III mandó construir este edificio para satisfacer a un pujante comercio marítimo

La Aduana se transforma para acoger el Museo de Málaga. / F. G.

Los siglos XVII y XVIII son años de gran empuje económico en Málaga. Reflejo de esta importante actividad es el auge de la actividad portuaria. La Aduana, situada en Puerta del Mar, se quedó pequeña para atender el tráfico comercial y se decide construir un nuevo edificio. Fue el rey Carlos III quien autorizó la construcción del nuevo edificio, en la zona baja de la Alcazaba. Para ello se demolieron parte de las murallas del recinto. La construcción se inició en 1791, pero sufrió varias interrupciones y no terminaría hasta 1829. En su construcción participaron los arquitectos Manuel Martín Rodríguez y Pedro Nolasco de Ventura. Antes de funcionar como Aduana fue fábrica de tabacos. También fue sede de la Diputación Provincial y hasta hace unos años Gobierno Civil y Subdelegación del Gobierno. En estos momentos se trabaja para convertir el edificio en sede del Museo de Málaga.

El edificio, de corte neoclásico, es de gran sobriedad y se presenta como un gran cuadrado con un patio central. Consta de un sótano, tres plantas y ático. Se edificó a la manera de los palacios renacentistas italianos, con cuatro crujías en torno a un patio central porticado en sus dos primeros pisos, retranqueándose el tercero para dar cabida a una galería abierta.

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